Los tiempos de espera.

Me gusta esperarLe.

Esperar que vuelva de viaje, viviendo mi vida en espera.

Leer mientras sube un pico en bici.
Esperar que vuelva de tomar café con alguien.
Entretenerme mientras hace cosas o chatea.

Esperar en su portal que llegue.
Podría ir más tarde…

Pero me gusta esperarLe.

.

.

 

No soy de relaciones a distancia.

.

Ya lo viví, sin preveerlo. Entré un día en un foro a lo loco, pensando que curiosearía un par de días, quizás me divertiría un rato, y me olvidaría del tema para siempre… y acabé en una D/s con 700 km. de distancia. Es verdad que la distancia no es impedimento para forjar cadenas y vínculos, se puede. Obviamente si tu planteamiento es (por deseo o por imposición de las circunstancias) tener una relación con encuentros reales esporádicos, algún finde al mes, una sesión cada dos semanas… (lo que sea), pues la distancia es más fácil de llevar. Incluso puede que sea una ventaja: ya que no podemos estar juntos por otras causas, al menos no nos lleva los demonios el sabernos ahí al lado. Imagino, no lo sé. E incluso sin ser esa la idea, me consta que se pueden mantener relaciones duraderas sin una presencia continua, hay quien lo hace.

Pero no yo. Yo cada día sufría más las despedidas, hasta que acabé mudándome y marcando la distancia con un «nunca más» muy grande.

.

Y de todas formas eso ya da igual: entonces descubrí que no podía, ahora sé que no quiero. No me apetece descubrir si esta yo de hoy en día puede o no puede.

.

Esta yo se alimenta de lo cotidiano y menudo. Construyo mis eslabones con una verticalidad presente, vivida en mil momentos públicos y privados, compartiendo cafés (sin poder revolverle el azucar porque no toma), empujando el carrito en el Mercadona, compartiendo paseos (a su izquierda medio paso por detrás), visitas al ikea (esto es práctica de riesgo), películas malas en el sofá de su casa, pequeñas tareas domésticas y ratos de no hacer nada, Él con sus cosas y yo enredada entre sus piernas o en la alfombra con las mías,… mucho más que con sesiones y escenas impresionantes. El BDSM de las pequeñas cosas, que dice la señorita tris_ls.

Pero crecer en lo cotidiano y menudo exige una continuidad presente. A mí no me valen conversaciones de teléfono ni videocámaras, no puedo ni quiero sentirme pertenencia a través de tareas a distancia que no me conmueven (más bien me aburren e irritan, de siempre). Me enfrío.

Si no podemos ser esa presencia constante, mejor nos quedamos de fustamigos y nos llamamos cuando estemos disponibles. «Oye, que el próximo sábado paso por tu ciudad, ¿te apetece que quedemos?».

Yo. Ahora. Otros sí pueden o quieren, y no desean renunciar a algo que puede ser fantástico porque esté lejos. Yo no.

.

Lo que no significa que necesite una atención continua. Ni estar siempre, ni todo el rato.

Saber que siempre tengo un sitio a sus pies si lo necesito, me permite vivir tranquila cuando no ocupo físicamente ese espacio. Me enamora y aferra saberme prioridad, pero UNA prioridad, no la única en su vida. Odiaría sentirme cadena que coarta sus vuelos.

Sus aficiones, sus viajes, sus ocupaciones, sus decisiones, sus otras relaciones y vínculos…

Me gusta esperarle en sus ausencias, acomodando mis rutinas y actividades para ajustarlas a su regreso. Llenando mi vida de todo lo otro que a veces queda relegado, que puede ser desde una actividad frenética de trabajo, familia y amigos, a un tiempo de pausa y de tirarme a ver la tele y no hacer nada, pero nada, nada, nada.

 

.

Usted vuele. Yo espero.

Y disfruto la espera, sabiendo que pronto regresa y me reclama.

.

.

lena
propiedad de DragonRojo

.

.

.

.

.

 

 

 

.

.

.

.

.

.

Comentarios

Deja una respuesta